O se van o voy a cometer una locura. Lo digo en serio. No la dejan descansar, ya son muchas noches sin dormir y con lo mayor que es necesita descansar. Mi madre nunca ha dormido bien. Renqueando, como quien dice, conseguía arrancarle unas horas al descanso. Pero desde que llegaron ellos, es imposible. Están constantemente haciendo ruido. Constantemente, no exagero si digo que les oígo reír a carcajadas en plena madrugada, les oígo mover muebles cuando comienza a amanecer, y golpear las paredes durante todo el día. ¿Qué demonios hacen? Mi madre siempre sufrió de nervios, pero ahora gracias a ellos, entra en unas crisis de angustía que están acabando con ella. Yo noto que mi madre se está consumiendo. Me la van a matar.
Y no lo pienso consentir.
Tengo que hacer algo. Mi madre, como puede, de forma amable y educada se ha dirigido a la ruidosa familia en más de una ocasión. Al padre, a la madre, a la linda hija adolescente... pero no ha servido de nada. Se la quedan mirando en el rellano de la escalera como si estuviera loca. Y mi madre no está loca. Sólo quiere dormir. Pero el ruido no cesa, al contrarío, aumenta su volumen y continúa en una tortura sin fin.Hoy se tiene que acabar, estoy esperando a que den las doce o la una mejor, en plena madrugada, eso es, cuando ya no haya excusas para armar ese escandalo que va a acabar con mi madre. Es entonces cuando yo voy a invocar el silencio total, ya está bien, voy a imponer el silencio absoluto, el que ordena la noche.
Es la hora. Me dispongo a bajar. Me gustaría no tener que hacerlo. Que me hubieran sorprendido conque no se les oye. Que se han ido. Hubiera sido un hermoso regalo. Porque son una familia encantadora, en serio, él es alto y bien parecido, corpulento pero proporcionado, y ella es una mujer fascinante, tiene los ojos grandes y unos labios anchos y sensuales... y los dos van muy bien vestidos siempre y hablan de forma excesivamente correcta. Dan los buenosdías y se despiden con una enorme sonrisa. Su hija es adorable, acaba de hacerse una mujer y se le nota. Su
mirada ya no es inocente, su cuerpo tampoco lo es. Cuando te habla, te mira y te sostiene la mirada desafiandote. Ladea la cabeza mordiendose el labio con una terrible y dulcísima sensualidad. A ella, si puedo, la mataré la ultima. Quiero que se me quede mirando, y que vea de lo que soy capaz por mí madre. Estoy convencido de que ella haría lo mismo. Aunque le duela perder a sus padres, podría ver en mí a un hombre hecho y derecho que hace lo que tiene que hacer y hasta podría sentirse orgullosa.
Mi madre me ha visto coger el cuchillo y la pobre, es tan buena, que intenta retenerme, prefiere seguir sufriendo a que yo me meta en lios. Es la mejor madre de todas y se merece descansar, y esta noche, gracias a mí, lo hará. Me grita entre sollozos aunque apenas acierto a entender que es lo que dice. Está tan mayor ya. Cierro la puerta tras de mí. Y comienzo a bajar las escaleras. Lo tengo que hacer.
Golpeo la puerta con fuerza. No pienso llamar al timbre, eso sería civilizado y sería una gran contradicción con lo que va a ocurrir a acontinuación. Y quiero ser muy coherente. Mi madre me lo ha repetido muchas veces: "lo mejor para tu enfermedad es ser coherente, siempre, así no te saldrás del camino." Así que ahora que ellos dan todos los golpes del mundo molestando a mi madre, no seré yo el que llame educadamente al timbre. Y espero que me habrá él, así todo será más rápido y más fácil.
La ultima vez, me abrió la puerta aquel niño repelente. Tuve que aplastarle la cabeza contra la pared del pasillo porque el padre se me echaba encima. No fue fácil. Atravesé el torso de aquel hombre con dificultad, casi se me parte el cuchillo. La mujer gritó, el bebe que tenían rompió a llorar y entonces se formó un ruido ensordecedor, y pensé que mi madre lo estaría escuchando. Y aquello me puso muy nervioso y no hago las cosas bien si me pongo nervioso. Así que me apresuré, y rebané el pescuezo de la esposa, entonces enmudeció. Pero el niño, el niño en su cuna no dejaba de llorar. ¡Que horror! Era insoportable. Me acerque a él y con tan sólo una de mis grandes
manos le obligé a que se callara. Ya oigo como alguien se acerca a la puerta. Estoy listo. Lo peor de
todo esto es que mamá, sí, dormirá bien esta noche, menos mal. Pero mañana habrá que mudarse de nuevo. Y eso siempre es un lata. Con lo fácil que sería que todos los vecinos de casa de mi madre guardaran silencio...

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