martes, 8 de marzo de 2011

Una mujer mata a golpes de DVD a un dependiente de la FNAC



Sabemos que ya hace tiempo que ha empeorado bastante la atención de los dependientes de la tienda del centro de Madrid conocida como FNAC. La mayoría de ellos son bastante antipáticos y lo que es peor no saben casi nada de la sección de la que son responsables. Por lo tanto da igual lo que les pidas que siempre contestan lo mismo: "no lo tenemos pero te lo podemos pedir".

La mujer acudió a la sección de packs y series de televisión. Siempre se quedaba largo rato mirando cómo la tenían colocada, pues le llamaba la atención tanto el orden, arbitrario a su parecer, así como el colorido de las carátulas. Le gustaba coger de vez en cuando una de las cajas de DVD y leer la ficha técnica o los extras que contenía. Y al acabar de ojear la caja, la depositaba en cualquier lugar, casi nunca en el mismo lugar de donde la había cogido.

El chico del chaleco verde, pues de este color es el chaleco que les identifica como dependientes de la tienda, la observaba sin dejar de resoplar. Menudo desorden estaba formando en la estantería la señora cambiando de sitio todas las cajas de las series. ¿Por qué no se estará quieta?, pensaba el chico.
La señora por el contrario había acelerado su proceso de búsqueda y visionado entre las series patrias, es decir las de producción española. O bien cogía el pack del Internado o bien la "excelente" serie de los Príncipes de Asturias. Pero de forma inmediata y absolutamente disconforme las volvía a dejar, de mala manera, en cualquier sitio menos en su estante correspondiente.

Los sudores del chico del chaleco verde era notables. Para colmo como el supervisor pasara por allí y viera el desorden de la sección, sin duda le caería una buena bronca. Y todo porque esta cincuentona solterona no sabe lo que quiere, pensó el chico en un alterado estado de nerviosismo. Ni corto ni perezoso se dirigió hacia la señora. Al llegar a su lado, sufrió un impulso que no es el apropiado para un dependiente que esta de cara al público y al cual tiene que respetar siempre, sea cual sea su estado de ánimo: le arrebató casi de un manotazo la caja que contenía el DVD del 23F.

- ¿Puedo ayudarla, señora?- preguntó en tono absolutamente impertinente.

- Sí, por favor estoy buscando la serie sobre la vida de Raphael, el cantante.- dijo amablemente la señora obviando la violencia del manotazo del chico.

- Pues creo que no la tenemos pero se la puedo pedir.- añadió de forma automática, es decir como siempre.

- Uy, no, no puedo esperar, soy una fanática del cantante y la quiero ahora. ¿Y cómo es posible que no la tengáis si acaba de salir?

- Pues no lo sé, se habrá agotado.- le dijo el chico mientras colocaba de forma compulsiva todo lo que había descolorado la señora.

- No la busques, hijo, si no la vas a encontrar, que ya he mirado yo.

- No la busco, señora, sólo devuelvo a su lugar todo lo que usted ha descolocado.- concluyó en tono borde el dependiente.

La señora en ese instante perdió la mirada. No dijo nada pero cada músculo de su cara comenzó a tensarse de forma muy extraña como si estuviera apretando las mandíbulas. Aquello no le había sentado nada bien a la señora. Encima que ella, pensó, no le había molestado preguntándole, porque le veía allí sentado en su mostrador ocupado en no hacer nada, bueno, algo hacía: nada más que resoplar y resoplar...

- Bueno, señora, que no tengo todo el día, ¿Va a querer que se la pida o no?- preguntó el dependiente crecido ante la aparente pasividad de la señora.

A la señora se le inyectaron los ojos en sangre. Sin mirar extendió la mano, cogió la primera temporada de Hay alguien ahí, y soltando un grito atroz, comenzó a golpear la cabeza del dependiente con la esquina de plástico duro de la caja. Le golpeó una y otra vez, una y otra vez mientras balbuceaba algunas palabras...

- ¡Pueeeess me voy al Cooooorte Iiiingles! ¡¡¡¡Que allíííí siempreeeee tienen de toooodoooo!!!!!

La brecha era evidente y la sangre no se hizo esperar. El chico levantó los brazos intentando protegerse pero era inútil, la fuerza de esa señora era inusual en cada golpe. El chico estaba doblado sobre sí mismo llorando de dolor. La esquina de la caja se hundía cada vez mas en el cuero cabelludo del muchacho salpicando de sangre la estantería y a la señora. Para entonces la caja de plástico transparente se había partido dejando a la vista un cortante filo. La señora se detuvo un instante, absolutamente fuera de sí. Observó la caja y sin dudarlo un momento, esbozando una enorme sonrisa, sostuvo la cabeza del chico con una mano mientras la otra viajaba a lo largo de la garganta del dependiente rebanándole el pescuezo. A borbotones el fluido vital del muchacho abandonaba su cuerpo. El chico se derrumbó entre estertores y toses ahogadas.

La mujer dejó caer el plástico sobre el chico, se limpió de forma instintiva la sangre que le cubría parte de la cara, se colocó el abrigo y se sacudió las manos.

La gente de alrededor no había tenido tiempo de reaccionar. Estaban paralizados por completo. Nadie dijo nada, nadie hizo nada. La mujer se alejó de la sección de DVD y comenzó a bajar las escaleras mecánicas. Lo que le ocurrió al llegar a la salida a la calle ya es otra historia.

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